viernes, 11 de abril de 2025

 Valencia en Fallas

Valencia, 17 marzo 2025

Andrés Izquierdo 

En marzo de 2016 viví mis primeras Fallas en Valencia. Antes había oído de esta fiesta valenciana. Me lo habían descrito muchas veces, y por mucho que se esmeraron en relatármelo con lujo de detalles, nunca pude imaginar la magnitud ni la esencia de esta celebración. Hoy me avergüenzo de haber criticado neciamente las Fallas, juzgando este acervo desde mi enfoque pragmático y comparándolo equivocadamente con otras fiestas en Suramérica, llegando hasta equipararlo a las fiestas de carnaval. Mare meua!

Mi primera lección me la llevé cuando ingenuamente dije frente a unos valencianos algo sobre el “disfraz” de fallera. Con la mejor educación y respeto que pudieron, me dejaron claro que el traje de fallera no es un disfraz.

Pensé, y esto ya ni lo dije para no volver a meter la pata, que lo que hacían las falleras era un simple postureo, que no había ningún arte en ellas mismas, sino en los artesanos que las habían vestido, peinado y maquillado. En disfrazarse, exhibirse y desfilar no veía ningún mérito ni talento, concluyendo que las Fallas de Valencia eran una fiesta frívola, dispendiosa y la excusa perfecta para dejar de trabajar un par de semanas más al año.

Hizo falta vivir 10 Fallas, hasta 2025, para poder medio entender el significado de estas fiestas. A mediados de este período, me inspiré para publicar un sentido tweet en el que puse: “El día que a los valencianos ‘nos’ quiten las Fallas, seremos un chino más”. Sí, he puesto “nos”, porque mi familia y yo hemos hecho de Valencia nuestro nuevo hogar.

Hoy lo veo todo diferente, he conseguido emocionarme ante la Ofrenda a la Virgen. En este acto he compartido lágrimas y mocos con las ancianas, niños, mujeres guapas y feas, hombres de todos los pueblos de la provincia, familias enteras y gente común. He conseguido llegar a la Plaza de la Virgen a empujones, con lluvia y frío, aparcando lejos, orinándome, pero gratificado al final por ver la devoción de todo un pueblo hacia los símbolos espirituales que le dan sentido a su arraigo y a su existencia.

Las falleras no se disfrazan, se sumergen en una vivencia, encarnan una inveterada tradición, se expresan a través de su imponente y fascinante presencia. Se involucran en cada detalle de sus trajes, hablan de ello todo el año, se lo toman muy en serio, le dedican valiosos recursos, los atesoran en casa hasta que se mueren de viejas, involucran a sus hijas desde la más temprana edad. No importa si no son guapas, no va de eso. Lo que importa es revivir cada año el gentilicio de una tierra privilegiada de gente luchadora y esencialmente buena.

Al principio me molestaron los petardos día y noche; ahora, veo niños ilusionados desafiando al fuego controlado, palpitando con la traca e inhalando el victorioso aroma de la pólvora quemada. Sus caras felices, sus sonrisas y su actitud de vencedores, cada vez que explotan un cohete. Llevan orgullosos sus cajitas de madera con el tesoro pirotécnico, y en sus manitas cogen esa poderosa mecha que soplan con destreza para que no se les apague.

Hace 10 Fallas veía con rechazo la quema masiva de todas las esculturas, que tanto trabajo dinero e inspiración costaron a los falleros y contribuyentes. Me horroricé cuando me enteré que los gobiernos locales gastaban dinero de los contribuyentes en monumentos y pirotecnia que acabarían reducidos a cenizas. Hoy entiendo que, como tantas otras cosas del reino (guerra de tomates, correr delante de los toros bravos, levantar piedras por deporte, etc…) la cremá de las Fallas tiene su sentido, significado y propósito. Las que más me gustan, las contemplo con fascinación y adueñamiento porque sé que mañana ya no estarán. Se quema todo, se limpia todo, y vuelta a empezar. No se atesora (salvo al Ninot Indultat que va a un museo donde todos podrán disfrutarlo para siempre). El poder purificador del fuego cierra un ciclo, dando paso a la renovación. No me imagino el tamaño del almacén si tuviésemos que guardar las esculturas todos los años, o lo aburrido que sería si tuviésemos que repintarlas y volver a exhibirlas todos los años.

Originalmente vi las mascletás y los castillos como un derroche pagano, peligroso, ruidoso, contaminante, hostil a la fauna urbana y a los vecinos no falleros. Hoy, no quiero perderme ninguna, me voy dos horas antes para coger un buen sitio y disfrutar de la multiculturalidad, así como los primeros cohetazos de los 10 y los 5 minutos antes, que ya anuncian que la traca va a estar gorda. Cuanto más cerca mejor, que las explosiones me despeinen (aunque estoy casi calvo), que me caigan encima restos de petardos y cenizas, empujarme con la gente para que no me tapen la vista, inhalar humo y químicos que no se ven por televisión. Sentir el suelo vibrando bajo tus pies, en tiempos de paz, no tiene precio. Y ya ni hablar de la fallera mayor y la fallera infantil autorizando en coro: “Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà".

Me quedo con la sabrosura de caminar detrás de la alegre música de bandas por las calles de los pueblos y ciudades valencianos, con el buen rollo que contagia a todos en Fallas, con los niños que van detrás de los tamborileros imitando la percusión, inequívoca señal que lo harán tan pronto puedan con el tambor, conservando así por generaciones la emoción y la alegría de consolidar una vez al año ese pegamento que une y empodera a un pueblo, dándole una identidad y un fin común. Me quedo con la emoción que siento al contemplar la imponencia de una fallera impecablemente ataviada, aunque no cante ni baile ni declame ni hable ni haga nada. Ya me conformaría con que solo me mirase. Me quedo con el colorido y la genialidad de los artistas falleros y sus colosales creaciones, con la cañita y los churros en el casal, con los turistas aprovechando las cervezas a 1 euro, llevando pañoletas, boinas, baratijas asiáticas y meándose en todos los árboles de Ruzafa. Me quedo con el compartir de la peña fallera en los casales durante todo el año, sus comidas, sus anécdotas, su hablar en valenciano y la hermandad que se construye entre vecinos. 

Vi el luto, la desolación, la incredulidad y la negación en el pueblo cuando la pandemia, en marzo de 2020, dio al traste con las Fallas. Pero como no podía ser de otra manera, en septiembre del mismo año se celebraron ex tempore, con calor y mascarillas, pero más sentidas que nunca.

Esta es mi opinión de hoy, a reserva de que en 10 años vuelva a escribir como fallero mayor (mayor por lo viejo).

FIN.

 

Valencia 11 de abril de 2025.

Andrés Izquierdo.

Apenas son las 10 de la mañana y ya han intentado hacerse con mi dinero por lo menos 10 vendedores. En el móvil, en las redes, en las aplicaciones de mi ordenador, en las vallas y autobuses de camino al trabajo, en la radio, en la tele, por teléfono y tocando la puerta de mi local. Gasto más tiempo del que quisiera rechazando cortésmente a todo el que viene a venderme algo. Me encanta comprar, no que me vendan. Quiero tener derecho a comprar solo lo que necesito y donde yo quiera. Me agobia esa sensación de que todo el mundo viene a por mi dinero, primero el gobierno, después los vendedores y hasta los ladrones (a veces difícil de diferenciar entre esas tres categorías). Ya no solo se conforman con sacarme lo que tengo en los bolsillos, sino también lo que voy a tener. ¡Disfrute ahora y pague en navidad! ¿Te suena?

Esta mañana he tocado fondo, algún “bienintencionado” empleado del BBVA programó el envío de una notificación, en el que se me informa: “Posible saldo insuficiente. Puede que en un par de semanas no tengas saldo suficiente para tus próximos cargos”.  Yo agradezco que alguien haya pensado que es bueno que yo recuerde poner dinero en mi cuenta para que puedan realizarse cargos que deberé dentro de un par de semanas. Si debo, tengo que pagar, eso está claro. Pero que me estén machacando con lo que deberé dentro de dos semanas, es un ejemplo de esa cultura que normaliza el perverso acoso económico al que todos acabamos sucumbiendo y aceptando.

La pregunta es ¿quiénes son “ellos”? ¿Quién está detrás del sistema? ¿Quién diseña y ejecuta ese sistema deshumanizante y esclavizante que nos hace empeñarnos hasta perder la salud física y mental, intentando como caballos coger la zanahoria que cuelga de la caña? No es George Soros ni los ideólogos de BlackRock ni la OMC ni nadie en particular. No hay un solo responsable. Es el constructo social que entre todos hemos creado. Cada uno en su medida ha puesto su granito de arena para que la sociedad practique, la mayoría de las veces de forma inconsciente, esa carrera circular infinita de “trabajar – ganar – gastar”, y peor aún, la alteración maluca de la fórmula, que degenera en “gastar – trabajar – ganar”. Hay quienes, por su capacidad de influenciar, tienen más responsabilidad que otros, pero al final todos hemos creado y perfeccionado el sistema socioeconómico que nos jode la vida a casi todos. Cuando le digo a un amigo que no tiene moto: “vente con la peña a viajar este verano”, lo hago desde el cariño y la buena intención, pero, sin quererlo, estoy sumando un elefante más a la tela de araña. A partir de ahora ese amigo tiene una nueva “necesidad”. En efecto, necesita una moto y un carnet para viajar con la peña. Como no tiene dinero para satisfacer esa “necesidad”, se endeuda porque él se merece ese viaje, entrando así, sin darse cuenta en el perverso bucle de la zanahoria. Y ya está, ese fue el gramito de caca que sumé a la vida de mi amigo, así formé parte de ese juego que no quiero jugar.

El rico tampoco se salva, también lo crujen, lo roban y lo persiguen, lo que pasa es que éste siempre tiene de dónde tirar; y al pobre lo mismo, pero como éste no tienen nada que quitarle, más bien se conforma con lo que la sociedad le de en caridad. Si estás realmente jodido, te ayudo, si estás fuerte, te obligo a compartir: esa es la lógica, y suena bien, pero en el medio está el currante que sufre lo peor de dos mundos. No carece de tanto, que le tengan ayudar, ni tiene tanto que no le importe que lo esquilmen. Bendito el que sea capaz de generar más riqueza de la que necesita, de tal forma que pueda ayudar a sobrevivir a otro que vino al mundo discapacitado. Bendito el sentimiento colectivo de que hay que auxiliar al que está jodido.

La publicidad engañosa, las cláusulas abusivas, la manipulación de la información, las modelos flacas, la creación de necesidades ficticias, la necesidad de aceptación social, la corrupción, la falta de valores, más una larga lista de factores, entretejen un sistema socioeconómico que crea modelos de vida, trabajo y hasta presencia personal, a los que todos quieren acceder. Es lo que hay, es la sociedad en la que vivimos, e irá a peor. Si quieres formar parte de ella, aunque no te guste, tienes que adaptarte porque ¡adivina qué!: a la sociedad no le gustan los antisociales. La sociedad no tolera que sus miembros se escaqueen, que no colaboren, que hagan ruido, que hablen muy fuerte o bajito, se vistan feo o no se vistan, hablen de más o hablen de menos, te vean mucho o no te vean, no paguen impuestos, lleguen tarde o muy temprano, en fin, hay un canal o franja de códigos sociales no escritos, por la que todos debemos pasar sí o sí, si no queremos acabar ninguneados, arruinados, encarcelados o muertos.

Nadie diseñó la sociedad, ni siquiera los filósofos griegos, la sociedad tiene vida propia y se rediseña a sí misma permanentemente, es como un monstruo cuyas células son las personas, siendo unas como las células óseas, que se llevan toda la carga, sobre las cuales se sustenta todo, y otras como células cerebrales, que dirigen, controlan y medran. De ese monstruo todos somos parte y presa a la vez.

El sistema socioeconómico que nadie y todos construimos, tiene vida propia e instinto de supervivencia, es resiliente, insaciable, viene a por sus creadores, se alimenta de nuestra capacidad de generar riqueza y bienestar; y si queremos que no nos execre, tenemos que someternos y darle ahora todo lo que tenemos más todo lo que en el futuro tendremos. La mala noticia es que no va a parar e irá a peor, la buena, es que podemos escoger no padecer, restarle importancia, burlarnos de ello hasta donde sea legal, identificar el problema y saber actuar para minimizar el machaque, y, por último, a todo el que venga a por mi riqueza, mucha o poca, presente o futura, mandarlo largo al carajo y quedarme tan pancho. FIN.

miércoles, 8 de enero de 2025

 Andrés Izquierdo. Valencia 8 de enero de 2025.

Nadie me lo ha pedido, pero quiero jugar al pitoniso con el momento político venezolano.

No voy a opinar sobre opiniones sino sobre hechos objetivamente observados.

Con el anhelo y la esperanza de estar equivocado, veo en mi bola de cristal que el señor Edmundo NO tomará el poder político en Venezuela en los próximos meses o años.

Ni leyes ni abogados ni marchas ni huelgas ni sanciones ni actas ni presión internacional ni prensa ni bailoterapia ni influencers ni rezos ni recogida de firmas ni cadenitas en redes, conseguirán, aún juntas, sacar a Maduro y su corte del poder. Todo esto ya se ha intentado sin éxito. El objetivo solo se conseguirá por la fuerza, con balas y fuego real, no hará falta mucho, pero sí un mínimo necesario para poner a correr a la pandilla de cobardes que sostienen a los tiranos.

Este mínimo de balas jamás vendrán de fuera. Ningún líder político occidental se va a mojar por los venezolanos. Iluso quien así lo está esperando. Esas balas tendrán que venir de dentro, y ahí está el problema, que los “tenedores de balas” de dentro tampoco se mojan. Por lo que a mí concierne, TODOS los militares y policías en Venezuela, por acción o por omisión son chavistas (quien no lo sea, tendrá la carga de la prueba), con lo cual no espero de ellos la iniciativa.

Don Edmundo anuncia que va a Venezuela a juramentarse el 10 de enero de 2025. Tamaña irresponsabilidad. No menor que la de MCM llamando a marchas en la víspera con familias, ancianos, niños y mascotas. Para poder juramentarse, Don Edmundo antes tiene que inmovilizar y llevar al paredón (sí, leíste bien, al paredón) al alto gobierno, al CNE, fiscalía, TSJ, alto mando militar, etc. Eso solo se consigue con un golpe militar, por la fuerza, no con civiles marchando inermes. La libertad de los venezolanos depende entonces de un puñado local de militares, policías y mercenarios de dudosa alineación política. Mala cosa. Don Edmundo tiene que ir a Venezuela primero a dar un golpe y luego a juramentarse, y, adivinen qué: los golpes no se avisan. Lo están esperando. No habrá sorpresas.

Se juramentará Maduro y el momento político pasará y se enfriará. Más adelante, cuando estén dadas las condiciones, ya se verá. De momento, nada sucederá.

viernes, 27 de junio de 2014

Buitres, tenedores de bonos.
Andrés Izquierdo 27 de junio de 2014
Cuando un país necesita dinero, si puede, se endeuda mediante la emisión de bonos de deuda. Las condiciones de esos bonos (plazo, cedibilidad y rendimiento) las pone el país emisor. A quien le interesen esos bonos, los compra y se queda con ellos, o los vende a quien quiera si son endosables o cedibles.  No es extraño que esos bonos vayan a parar a manos de inversionistas netos: sociedades de capitales a quienes no le interesan los dramas de los países deudores de los bonos.
Cuando esos inversionistas vienen a cobrar sus bonos, hay países que les dicen ¡ya va! no tengo para pagarte! te los cambio por otros a mayor plazo y mayor rendimiento! qué dices! Y así se van produciendo los canjes y se va corriendo la arruga hasta que los acreedores se olfatean que no van a poder cobrar. Cuando los inversionistas se niegan a aceptar los canjes y piden que les paguen sus bonos con dinero, se les llama “buitres”. Para espantar a los buitres, se ha llegado a desconocer la legitimidad o representación (a veces por corrupción y fraude) de los funcionarios del país que emitieron los bonos, e inclusive el estado de necesidad del país emisor como causa para ofrecer los bonos en condiciones desventajosas.
Cuando me compras los bonos y me das tus dólares a cambio de papeles de deuda, eres mi pana, mi salvador, pero cuando me vienes a cobrar, eres un buitre y te tienes que esperar.
Existe una antigua locución latina que dice: “Pacta sunt servanda” que se traduce como “los pactos deben ser servidos” o “lo pactado obliga”. Este principio general de derecho universal, es la esencia del pacto social, de la existencia misma del orden social mundial. Lo deben cumplir hasta los perros. Sin el cumplimiento de este deber, la civilización moderna sería simplemente inviable.
Es cierto que todo buitre que compra un bono, sabe el riesgo que corre, sabe que “verdugo-no-chilla”, saca su cuenta y se lanza; pero eso no le da derecho a ningún país a descalificarlos y a no pagarles.
El origen de cualquier pacto debe ser siempre revisado, ya que el mismo podría dar lugar a su nulidad y a su posterior desconocimiento. Los vicios del consentimiento por incapacidad, dolo o error, son causas legítimas para no pagar. Qué pasa mañana si yo llego al gobierno y dejo sin efecto todos los convenios con Cuba, aduciendo que son ilegales porque lesionan los intereses del Estado venezolano. Los cubanos saldrán por el mundo a reclamar el “pacta sunt servanda”, y aquí les diremos: lo siento macho, se te acabó la manguangua!

Señora CFK, si la deuda argentina está legítimamente contraída, páguele a sus acreedores, y deje de llamarlos buitres, no vaya usted a verse como cachicamo diciéndole a morrocoy “conchúo”. O mejor dicho, no les pague, para que vea como jamás vuelve a colocar un bono de nada.   

martes, 17 de junio de 2014

Cantos de Sirenas. Cuidado, españoles.
Andrés Izquierdo, 16 de junio de 2014
Veo a un señor haciendo mucho ruido en los medios españoles, llamado Pablo Iglesias, líder de un nuevo partido político llamado PODEMOS. Veo a un respetable número de españoles apoyándole. Vi a este señor Iglesias manifestando su simpatía con Hugo Chávez y haciendo apología del modelo socialista bolivariano revolucionario siglo XXI y yo no sé qué más. Leí a este señor Iglesias afirmando que debatir es una de sus fortalezas. Vi a viejos y “experimentados” políticos españoles criticarle al señor Iglesias su carácter pretensioso, su corta edad, su atrevimiento, su colita en el pelo y no sé qué otras gilipolleces más. Veo a un señor Iglesias con una increíble agilidad verbal, un pico-e-plata, pues! Oí, aturdido, a un cuñado español muy inteligente diciéndome que no le preocupaba el señor Iglesias, porque ya la UE (los alemanes) se encargarían de neutralizarlo. Veo unos medios de comunicación encantados haciendo resonancia del mensaje del señor Iglesias.

Pues bien, quiero decirle a mis queridos hermanos españoles, que hace algunos años en Venezuela también tuvimos nuestro señor Iglesias, quien con su discurso contestatario, atrevido, pretencioso, altisonante y revolucionario, consiguió la simpatía electoral de más de la mitad de los venezolanos. Muchos le subestimaron, lo llamaron loco-e-carretera, insolente, mono-e-mierda, golpista, marginal, resentido, cobarde, inculto, ignorante, chusma, etc… Se le dejó correr, se le dio espacios en los medios de comunicación, se le financió la primera campaña electoral, mucha gente de la clase media le creyó y le votó. Hoy se contrastan los videos de cuando Chávez estaba en su primera campaña electoral, con lo que terminó haciendo al final, y las contradicciones son sorprendentes. Unas cosas dijo, prometió y propuso, y otras muy diferentes terminó haciendo. Hoy le digo a mis hermanos españoles que después de más de 15 años de revolución chavista, Venezuela está hecha un desastre, es una vergüenza de país (inseguridad, escasez, inflación, atraso, división, etc…). No hay excusas, la revolución, medida por resultados, es por mucho la peor tragedia económica, política y social que haya podido sucederle a Venezuela, durante la mayor bonanza petrolera de los últimos 100 años. Esto que les estoy diciendo, ya no tiene siquiera discusión. Hasta los chavistas lo han reconocido, solo que, al mejor estilo castrista, culpan de ello a una supuesta y negada guerra económica librada por la oposición y por el imperio estadounidense. Hoy veo a centenares de venezolanos de la moribunda clase media, arrepentidos y hasta avergonzados de haber votado alguna vez por Chávez. Es fácil simpatizar con quienes critican las viejas políticas, pero eso no significa, mis queridos españoles, que quien hace esa crítica esté pensando realmente hacerlo mejor. Les ruego que no subestimen al señor Iglesias, esta maldición que hoy se vive en Venezuela, no se la deseo a nadie!

viernes, 6 de junio de 2014

PAGADEROS AL PORTADOR EN LAS OFICINAS DEL BANCO

Andrés Izquierdo.

La vida de un billete puede ser más o menos larga. Muere por incendio (fumado por un magnate quizás), deterioro, ingesta canina y cualquier otra forma por la que pueda quedar destruido un papel. La Casa de la Moneda de Venezuela imprime, entre otros papeles, billetes de banco. Los billetes venezolanos, muy bonitos y elegantes por cierto, son como una especie de cheques al portador librados por el BCV.  Todo aquél que carga en su bolsillo un billete venezolano, puede ir a que le paguen su “cheque” en las oficinas del banco. ¿Se lo pagarán con otro billete igual, con bonos, con divisas, con oro, con chapitas de refresco? No se sabe porque nadie va a por ese pago. Sea lo que sea que le vayan a pagar por su “cheque” o billete, es un valor que debe estar en el banco a la orden suya. Los venezolanos no tenemos control sobre la emisión de billetes. Son las inauditables autoridades gubernamentales quienes manejan esto. Cuando voy a un cajero automático del Banco de Venezuela y me entrega billetes de Bs. 100,00 nuevecitos, se me ponen los pelos de punta. Me da la sensación de que hay cierto gobierno fundiendo la imprenta para pagar compromisos en bolívares. Me lo imagino como un borracho en una tasca firmando a lo loco cheques sin fondo. Echar a la calle billetes nuevos, no tiene nada de malo, de alguna forma deben remplazarse los que ya están muy deteriorados; pero quién nos garantiza que no están soltando muchos más billetes de los que se están recogiendo. Es imposible saber cuántos billetes están en circulación, en manos o debajo de los colchones de la gente. Lo cierto es que si yo me gané Bs. 100,00 porque fabriqué un metro de tela y lo vendí, pero el BCV imprimió y echó a la calle alegremente mil billetes como el mío, sin ninguna generación de riqueza, habrá entonces 1.001 billetes para comprar el mismo plato de comida que yo iba a comprar con mi sudado billetico. No tengo que explicar lo que va a pasar con el precio de ese plato de comida. Por eso es que la separación de poderes es necesaria, el gobierno necesita control por instituciones independientes que velen por la mensura en la emisión de billetes. Como se nota, no soy economista.

jueves, 10 de abril de 2014

… Y SI LLEGAN LAS ELECCIONES? TE LA TENGO.
Andrés Izquierdo.
Jueves 10 de abril de 2014
Creo que la protesta debe continuar, pacífica y sin armas, pero debe continuar. Por otro lado no debe descartarse el camino electoral. Ambos mecanismos deben ser atendidos. El año que viene tocan elecciones parlamentarias, que son las segundas elecciones más importantes después de las presidenciales, son inclusive más importantes que las de gobernadores, puesto que significan la posibilidad cierta y concreta que quitar la mayoría al chavismo en la Asamblea Nacional, con el consecuente y necesario control del poder ejecutivo.
Según datos del CNE: 1) el padrón electoral para las presidenciales Capriles-Maduro fue de 18.904.364 electores; 2) el chavismo ganó a oposición por 223.599 votos; y 3) la abstención fue de 3.844.734 electores.
Ahora bien, imaginemos que de esos 3.844.734 electores que no votaron, la mitad (1.922.367) es gente que nunca va a ir a votar porque están muertos, duplicados, mal registrados, son abstencionistas duros, se fueron del país, etc. Nótese que no estoy contando a los que son tan apáticos que ni siquiera se inscribieron. Nos queda la otra mitad; de la cual, el 51% ha de ser pro-chavista y el 49% pro-oposición. Eso nos da un monto de 941.959 electores pro-oposición que podrían haber ido a votar, pero no lo hicieron. Ahora supongamos que de esos, la mitad no fueron a votar por indiferentes, pudieron y no quisieron; y la otra mitad no fue a votar porque no pudo, quisieron pero no pudieron. Eso nos da 470.980 abstencionistas pro-oposición que estarían dispuestos a votar. Eso es más del doble de los votos que sacó Maduro de ventaja. Con esos votos se iguala y supera al chavismo.
Ni siquiera hay que salir a convertir chavistas (de eso se va a encargar el mismo Maduro con su gobiernazo), basta con ir a por esos 470.980 abstencionistas pro-oposición que estarían dispuestos a votar. Si los que votaron por Capriles (7.363.980), salen a motivar a ese conjunto de abstencionistas, eso da a razón de 15 votantes por cada abstencionista. ¿No van a poder 15 personas facilitarle a 1 abstencionista todos los recursos y ayudas que necesita para ir a votar? Transporte, niñera, enfermera, silla de rueda, ambulancia, lo que haga falta.
Yo ya comencé, y ruego a todos que se activen con este sencillo plan. Todo el mundo conoce a algún opositor no fue a votar. Pues a ocuparse, hay que preguntar a todos tus familiares y amigos para saber quiénes son los abstencionistas, y trabajar en su motivación y facilitación. Desde llevarlos a inscribirse en el CNE si no lo están, hasta re-domiciliarlos, pedirles que no cuadren viajes ni vacaciones para la época de las elecciones, ir a buscarlos el día de las elecciones, etc.
En las parlamentarias, la abstención debería ser mayor, por la naturaleza misma de los comicios. Los chavistas decepcionados, es posible que no voten por los candidatos del oficialismo, pero tampoco se espera que lo hagan por los candidatos de la oposición; por lo que creo que esta vez la abstención va a estar más bien en el sector oficialista.

He allí un plan concreto y fácil. Propaga la idea y actívate. FIN.