Andrés Izquierdo. Valencia 8 de enero de 2025.
Nadie me lo ha
pedido, pero quiero jugar al pitoniso con el momento político venezolano.
No voy a opinar
sobre opiniones sino sobre hechos objetivamente observados.
Con el anhelo
y la esperanza de estar equivocado, veo en mi bola de cristal que el señor Edmundo
NO tomará el poder político en Venezuela en los próximos meses o años.
Ni leyes ni
abogados ni marchas ni huelgas ni sanciones ni actas ni presión internacional
ni prensa ni bailoterapia ni influencers ni rezos ni recogida de firmas ni
cadenitas en redes, conseguirán, aún juntas, sacar a Maduro y su corte del poder.
Todo esto ya se ha intentado sin éxito. El objetivo solo se conseguirá por la fuerza,
con balas y fuego real, no hará falta mucho, pero sí un mínimo necesario para
poner a correr a la pandilla de cobardes que sostienen a los tiranos.
Este mínimo de
balas jamás vendrán de fuera. Ningún líder político occidental se va a mojar
por los venezolanos. Iluso quien así lo está esperando. Esas balas tendrán que
venir de dentro, y ahí está el problema, que los “tenedores de balas” de dentro
tampoco se mojan. Por lo que a mí concierne, TODOS los militares y policías en
Venezuela, por acción o por omisión son chavistas (quien no lo sea, tendrá la
carga de la prueba), con lo cual no espero de ellos la iniciativa.
Don Edmundo
anuncia que va a Venezuela a juramentarse el 10 de enero de 2025. Tamaña
irresponsabilidad. No menor que la de MCM llamando a marchas en la víspera con
familias, ancianos, niños y mascotas. Para poder juramentarse, Don Edmundo antes
tiene que inmovilizar y llevar al paredón (sí, leíste bien, al paredón) al alto
gobierno, al CNE, fiscalía, TSJ, alto mando militar, etc. Eso solo se consigue
con un golpe militar, por la fuerza, no con civiles marchando inermes. La
libertad de los venezolanos depende entonces de un puñado local de militares,
policías y mercenarios de dudosa alineación política. Mala cosa. Don Edmundo tiene
que ir a Venezuela primero a dar un golpe y luego a juramentarse, y, adivinen
qué: los golpes no se avisan. Lo están esperando. No habrá sorpresas.